Agradezco la buena intención de quienes desean compartir conmigo, a modo de préstamo, un buen libro. Sin embargo, y en aras de evitar frustraciones, prefiero que me hagan el favor de mantener esa obra editorial lejos de mi alcance.

Me explico…

Tener en casa una novela, un libro de cuentos o cualquier otro volumen que no sea mío, me produce una enorme frustración pues no puedo subrayar las líneas ni escribir notas en los márgenes.

Para mí, leer es un acto que implica dejar profundas huellas de tinta en las hojas de los ejemplares literarios.

Así como disfruto el placer de devorar las palabras con mis ojos, me gozo marcando todo aquello que llama mi atención, me invita a pensar o me conmueve.

Es por eso que los amados inquilinos de mi biblioteca están llenos de rayas, asteriscos, paréntesis, llaves, corchetes, flechas, signos de interrogación, círculos y dibujos de caritas sonriendo o tristes.

Soy un convencido de que leer es hacer el amor con los libros, un acto que no considero completo si no dejo huella en cada poro de la piel de los textos. Se trata de una experiencia recíproca, pues también los relatos estampan su rastro en la epidermis de mi memoria.

Comparto una experiencia personal…

A principios del 2013 uno de mis mejores amigos me prestó una novela biográfica que hacía años quería leer pero estaba agotada en las librerías de nuestro país: Tinísima, de la escritora polaca-mexicana Elena Poniatowska.

Se trata de una voluminosa historia en torno a la vida de Tina Modotti (1896-1942), fotógrafa italiana que vivió en México entre 1923 y 1930, en donde fue una activa luchadora social y miembro del Partido Comunista. ¡Una existencia apasionante y fascinante!

Como el libro no me pertenecía, cada vez que encontraba algo que me cautivaba, lo anotaba en una libreta en la que consignaba el número de página correspondiente.

Afortunadamente, el libro regresó a las librerías costarricenses, por lo que compré un ejemplar que le ofrecí a mi amigo a cambio del que él me había prestado y en cuyas páginas deseaba terminar aquella lectura.

Mi amigo aceptó el trato y de inmediato me di a la tarea de plasmar mis huellas en Tinísima.

Es tal mi obsesión con este tema que hoy día, cuando no encuentro un libro a la venta, lo adquiero primero en versión digital para mi Kindle. Allí subrayo y escribo notas que luego pasaré al volumen de papel y tinta si es que llego a conseguirlo.

Me resulta imposible imaginar una biblioteca personal sin textos rayados.

Por eso, por favor no me presten libros. Muchas gracias, pero soy un lector que prefiere evitar frustraciones.

José David Guevara Muñoz
Editor de Don Librote