Una dosis de humor literario-navideño, un divertimento en torno a la obra del escritor franco-argentino Julio Cortázar…

José David Guevara Muñoz

Es altamente probable que en esta Nochebuena no haya regalos porque Corlacho (combinación de Cortázar y Colacho) o Crolacho (fusión de Cronopio y Colacho) está muy entretenido jugando Rayuela a todas horas, Salvo el crepúsculo.

No lo leí en las Cartas de mamá ni en el Diario de Andrés Fava, sino que me lo dijo Alguien que anda por ahí, mientras yo disfrutaba de La noche boca arriba al mismo tiempo que pensaba en temas tan importantes como la Orientación de los gatos, el Discurso del oso, el Octaedro de la realidad y el Aplastamiento de las gotas. Si mal no recuerdo, mi informante fue Un tal Lucas.

Esa noche, en la que me encontraba en un parque situado a la orilla de la Autopista del Sur, era muy fría, por lo que tuve que recurrir al calor de Todos los fuegos el fuego. Nadie me tiene andando fuera de casa a Deshoras, pero es que uno necesita sus Divertimentos, sazonar la vida en medio del Bestiario que nos abruma, La puñalada por la espalda.

Sí, hay que explorar nuevos Territorios, darle La vuelta al día en ochenta mundos, estimularse y recompensarse con Los premios cotidianos que merecemos, pues uno nunca sabe cuando llegará el Último round, el Final del juego.

Pero bueno, el caso es que puede que Corlacho o Crolacho no supere esta prueba, El examen de entregar los regalos que muchos esperan en la cercana Navidad; ni siquiera El libro de Manuel. Hay que tenerle paciencia, no someterlo a la presión de El perseguidor ni otras Ceremonias de acoso propias de quienes echan mano al arsenal de Las armas secretas. No se culpe a nadie.

Yo, por mi parte, lejos de hacerme bolas con esta situación, invertiré mi tiempo decembrino a escribirle una Carta a una señorita en París, visitar Los amigos y a mi Tía en dificultades, diseñar un Plan para un poema, analizar Las líneas de la mano, tomar algunas Siestas y cultivar Lazos de familia.

Por lo pronto, me deleité escribiendo este texto que, en virtud de que hace pocos días arribé a los 62 años, bien podría llamarse 62/ Modelo para armar.

José David Guevara Muñoz
Editor de Don Librote